La
mitología guaraní relata la existencia de siete monstruos, ellos son hijos de
Taú, el mal y Kerená (una mujer). Fueron concebidos bajo una maldición, son
abominables y nacieron como castigo.
Ellos
son:
Tejú
Jagua (El Yaguaron) lagarto con cabeza de perro.
M´boy
Tiú ( serpiente con cabeza de loro )
Moñái (guardián de los tesoros)
Jasy
Yateré ( duende de cabellos dorados )
Kurupí
( pequeño y pelado, protector de la naturaleza )
Ao
Ao (monstruo lanudo que persigue a las personas)
Y
Luisón ( el más terrorífico, conocido como el Señor de la noche )
Hoy
nos encargaremos del Yaguarón
El
Yaguarón es una criatura mítica, se lo describe con un cuerpo de serpiente,
largos colmillos y ojos de lagarto.
Esta
bestia habita las profundidades, es de color verdoso y lomo chato.
Al
aparecer en las barrancas, estas se desmoronan.
Dicen
que dicen que cuando Taú raptó a Kerana, Arasy lo maldijo, por ello su
descendencia fue deforme y monstruosa.
Kerana
era una joven hermosa de oficio lavandera, con habilidad maceraba hojas y
cortezas del ibaro, para obtener una mezcla espumosa, para lavar la ropa.
Luego
armando un atado con las ropas, y con franca bizarría, desplegando su total
encanto lo cargaba sobre su cabeza se dirigía altiva hacia las orillas del
Paraná, donde habitualmente solía refregar las ropas.
El
sol estaba radiante, el tibio aroma de los aromitos con sus pompones amarillos,
inundaban el ambiente, y los jilgueros le dedicaban los trinos, honrando el
trabajo de la lavandera.
Ella
se desliza altanera contoneando sus redondas caderas, despertando lascivas
miradas de los mozos del lugar.
Un
suave viento le despeinaba los negros cabellos, ella fregaba las prendas con
habilidad, haciendo espuma, acuclillada en la orilla del río.
Tan
ensimismada estaba en su ardua tarea que no se percató de los extraños
movimientos que agitaban las aguas, ni que dos ojos fijos y hambrientos la
observaban.
De
repente una forma imprecisa, se balancea, enorme, verdoso, por momentos se
hunde bajo las aguas para resurgir aterrador y violento.
En
un momento, la joven escucha el ronco bramido de la espeluznante fiera, luego
golpes vivos y zarpazos, la ladera del río se derrumba provocando un enorme
socavón, ella quiere huir, es demasiado tarde, lanza un grito ahogado, el
monstruo se abalanza y la derriba, la mujer lanza un grito ahogado, el animal
enlodado, la atrapa y con ella se lanza al cauce del río, desapareciendo en las
profundidades.
En
las orillas, un manojo de ropas flota enjabonado sobre las mansas aguas.