En
1735, más precisamente el 22 de septiembre, en lo que hoy conocemos como
provincia de Córdoba (Argentina) se le otorga a Francisco de Baigorri las
tierras conocidas como Cruz del Eje, en cuyos territorios posteriormente se levantó
una formidable ciudad.
Se
destaca por su clima cálido con más de 300 días del sol al año.
Sólo
dista a 128 km. de la capital cordobesa. Es tierra de comechingones.
Dicen
que dicen... que el principal cacique comechingón fue Olayón, que vivió allí en
Cruz del Eje, entre 1590 y 1620, fue un bravo cacique guerrero y feroz rival de
los conquistadores.
Cuentan
que un reducido puñado de españoles, con feroces ansias de territorialidad se
aventuró al valle, que desde tiempos inmemoriales había sido asiento del pueblo
comechingón.
A
su vez, simultáneamente un grupo originario se desplazaba de norte a sur,
bordeando el río, en las cercanías del barranco, ambos buscaban un espacio
donde establecerse, y por esas cosas que no se explican, ambos eligieron el
mismo lugar para establecerse.
Los dos bandos se veían muy cansados, denotaban que la búsqueda les había consumido las
fuerzas, estaban exhaustos.
Los
conquistadores lucían deplorables y los nativos otro tanto.
Ambas
partes desalineados y sudorosos con los rostros barbados, buscaban afanosamente
un espacio para asentarse y ese espacio al que ambos habían arribado se veía
ideal, y lo más terrible era que unos y otros llegaron al mismo tiempo, eso fue
lo que desencadenó la disputa.
Tristán
de Allende era quien dirigía a los españoles, tanto Allende como Olayón
decidieron que, en vez de sobrellevar un sangriento combate, ambos se
enfrentarían para resolver la contienda y evitar muertes inútiles.
Ese
día, un sol despiadado arreciaba las orillas del río, ambos hombres ante la
mirada de locales y españoles se trabaron en lucha.
Los
dos hombres eran fuertes y aguerridos, ambos se batieron con fiereza, lucharon
largo rato, ni el uno ni el otro se daba por vencido.
En
cierto momento, ambos contrincantes cayeron al piso entreverados en un mortal
abrazo.
Fue
entonces que el cielo se encrespó, la negrura lo cubrió todo, un desmesurado trueno
se hizo oír y una tempestuosa lluvia, como nunca antes se había visto se
desplomó sobre ellos.
Los
dos hombres, testigos mudos ahora embarrados hasta los tuétanos se separaron.
El
más herido fue el español y casi moribundo lo subieron a una desvencijada
carreta y cruzaron el río.
En
los días siguientes los nativos observaron desde la otra orilla a los españoles
sin sus armaduras, sin sus armas de fuego, sin sus indumentarias, levantando
una tumba acongojados y señalándola por algo desconocido para ellos, una cruz
de madera, construida con los deshechos de la carreta destruida después de la
pelea.
Desde
ese momento, Olayón cobró relevancia.
Luego
los españoles y cristianos decidieron convivir en el lugar y la cruz de madera
que señalaba la sepultura de Allende se convirtió en el icono, donde unos y
otros, asentaron sus viviendas, y en cuyo centro se levanta Cruz del Eje, lugar
en el cual hoy en día se desarrolla mansamente la vida.