El
michay es un arbusto que puede alcanzar los 2.50 m. de altura, crece en las
zonas húmedas de la cordillera de los Andes desde la provincia argentina de
Catamarca hasta Tierra del Fuego.
Sus
flores son rojas y amarillas y sus frutos son pequeños y de un hermoso color
azul.
Dicen
que dicen... que al principio sus flores eran blancas, pero luego de los hechos
que ya paso a relatar cambiaron para siempre su color.
Cuando
los caras pálidas llegaron atravesando el gran lago para someter a los reche,
antiguos y verdaderos dueños de la tierra, el gran Futa Chao, señor y hacedor
de la tierra y el cielo, así como de todos los seres vivientes de la tierra,
fue designado para proteger y vigilar a los mapuche de las decisiones de los
hombres blancos, la desmedida ambición y la inmerecida crueldad.
Cierta
vez en que por el bosque de collimamull, al que los huincas denominaron bosque
de arrayanes, se les presentó, de repente una serpiente que caminaba erguida,
tal como los seres humanos, porque Huecufú, el supremo creador quería que se
pareciera a ellos.
Huecufú
no había advertido la presencia de la serpiente, porque esta se había
desplazado sigilosamente, sin el menor ruido, el hijo del supremo hacedor que
estaba allí, porque su padre lo había enviado se pego un susto tremendo, tal
fue el susto, que encolerizado, arrancó una rama de michay recién florecidas y
cubierta de gruesas espinas, con ella enfrento a la serpiente, que pronto el
cuerpo de la serpiente se tiño de rojo y la flores del michay de amarillo por
el tóxico del veneno y para asegurarse de que no volviese a molestarlo, le
aplastó la cabeza con el pie que calzaba una bella bota de cuero de potro.
Como
resultado de la pelea, la cabeza del animal quedó achatada y en forma triangular,
debido a esto las filú odian los caballos, por eso hasta hoy en día, en cuanto
se les acercan, tratan de morderles los garrones, tampoco volvieron a caminar
erguidas, porque en la contienda se les rompió el espinazo, ahora sólo pueden
arrastrarse y cuando las atacan, enojadas levantan la cabeza y sacan a relucir
su lengua partida en dos debido al pisotón.
¡Cómo
no estar enojada!, enojo que persiste hasta hoy, por ello suele enroscarse
debajo de las plantas de michay para sorprender a aquellos que buscan sus
exquisitos frutos.