Dicen
que dicen, que un elefante cansados de los maltratos del domador, huyó del
circo una noche oscura y se refugió en el monte.
La
lechuza y la vizcacha estaban muy alteradas, ellas culpaban al elefante de
respirarse todo el aire del monte, de comer demasiado y de ocupar mucho
espacio.
También
culpaban al piojo de consentir a todos los animales y malgastar el tiempo
charlando con el sapo, ellos creían que el elefante, el mosquito y el sapo
hablaban mal de ellas, que conspiraban a sus espaldas, como consecuencia, ya
ni el carancho les daba más bolilla y ensayaba volar cada vez más alto.
La
lechuza y la vizcacha estaban seguros que el elefante era un bicho muy
peligroso y lo acusaban de robarles todo el aire del monte, por eso decidieron
que había que echarlo, pero como no sabían hacerlo decidieron trazar un plan.
En
eso andaban cuando la lechuza anunció que tenía una estrategia, deberían
pergeñar una estratagema para que los animales le tomaran bronca al elefante y
al mosquito.
La
lechuza y la vizcacha se rompían la cabeza pensando que hacer, si bien
tenían muchas ideas, ninguna parecía ser la indicada.
Fue
entonces cuando la lechuza dijo: - ¿y por qué no hacemos lo que mejor sabemos
hacer? -, ,-¿ y qué es lo que mejor sabemos hacer?-, - hablar mal de los bichos
haciéndoles creer a los demás que son dichos del enorme paquidermo.
Así
comenzó el corrillo de habladurías por todo el monte, dijeron que el puma era
un jaguar con manchas, que el mosquito zumbaba como un avión en marcha, que el
sapo era petiso y jetón y que patatín y que patatán, que el loro se reía como
una hiena, que el tucán se comía todos los frutos y así continuaron inventando
habladurías culpando al inocente elefante, a raíz del bulling que recibía nadie
quería compartir con él, alertado el mosquito se acercó volando bajito hasta
donde estaba el sapo y le comentó que él
no creía que el paquidermo lo hubiera culpado de petiso y jetón.
Más
tarde, el pícaro insecto le susurró al batracio que él se iba a encargar de
dilucidar de donde partían todas esas barbaridades que corrían como pólvora por
todo el monte.
Después
el chiquitín se fue tratando que no lo descubriesen, silbando bajito y con una
sonrisa cómplice, haciéndose cada vez más chiquito y escondiéndose entre los
matorrales, para descubrir lo que conversaban las dos chismosas.
De
esa forma se enteró que según ellas todo marchaba bien, pero pensaban seguir
con los chismes un tiempo más, ya que después de todo en eso ellas tenían mucha
práctica.
El
piojo a pesar de ser minúsculo, era enormemente astuto, voló hacía donde se encontraban el sapo, la pulga,
el mono, el bicho colorado y después buscó al jaguar, al tapir, el loro, el
puma el yacaré y por último, buscó sin demasiado trabajo, al enorme elefante.
Entonces
el pequeñito les relató con lujo de detalles todos los pormenores de lo que
había investigado y por ultimó acotó que los había convocado para que todos
juntos resolvieran que medidas tomarían para acallar a esas dos chismosas y mal
intencionadas.
Todos
los animales estaban muy molestos al conocer la verdad, querían darles una
lección, ellos idearon muchas maldades hasta que al puma y el jaguar se
ofrecieron a deshacerse de las mal intencionadas mentirosas, pero claramente
esa no era la solución, en eso estaban cuando la pulga se lució con una genial
idea.
-¡Hagamos
lo mismo que hacen ellas!-, y así comenzó a correr un nuevo chismorroteo por
todo el monte.
Se
decía que el chistido de la lechuza era muy molesto, que la vizcacha era un
bicho bastante estúpido, que la lechuza no sabía volar y que la vizcacha y que
la lechuza y que patatín y que patatán y al poco tiempo las dos chismosas se
distanciaban más.
Ninguna
de las dos entendió lo que estaba ocurriendo, ni porque muchos de esos animales
se paseaban muy orondos sobre el lomo del elefante, mientras los chismes iban y
venían, si hasta el bicho colorado se reía a carcajadas.
Por
esos días la lechuza se mudó de vivienda y la vizcacha emigró al interior del
monte y el elefante vivió feliz hasta que ya nadie recordó los sucesos que llevaron
a los animales a tomar tan extremas decisiones.
El que aún estaba muy preocupado era el enorme
yacaré, que sin dudar fue directamente hasta donde se encontraba el piojo y le
preguntó: - ¿cómo te diste cuenta de dónde venían los chismes ?- , a lo que el
piojo le respondió :- ¿ a quién se le ocurre criticar al sapo diciendo que el
sapo es petiso y jetón?-
Este
cuentito nos enseña que nunca debemos guiarnos por los chimentos para juzgar a
los demás.