Dicen
que dicen, que allí hubo una aldea de piedra, cercana al monte Roraima, en la
selva del Amazonas, donde habitaban los Macuxis y donde aún hoy, habita un
guerrero mitológico llamado Macunaima por lo cual, ese monte se considera
sagrado.
Mucho antes que el hombre blanco incursionara por estos lares nada
se sabía de ellos, hay una montaña cuya cima es llana y ellos imaginaban allí
casas de piedra, esta leyenda narra la historia de esa aldea.
Cierto día llegó a la comarca un joven guerrero al que se le adjudicó
ser el hijo del Sol y la Luna, dijo llamarse Macunaima, dijo
haber
nacido cerca del lago que hay en la cima donde crece un monte y haber
sido abandonado para que los nativos se hicieran cargo de él, sabiendo que
ellos harían todo por el jovencito.
Ciertamente todos amaban al muchachito que crecía feliz, sano y
travieso como un Macuxi más.
Macunaima era un jovencito de piel morena, ojitos vivaces negros y
almendrados.
Todo era alegría, pero como nada es eterno, un inesperado día el
fantasma del hambre se esparció por la aldea y borró todo atisbo de felicidad.
Todos estaban desesperados hasta que el jovencito recordó que algunas
plantas que crecían en la cima del monte podrían solucionar la hambruna del
pueblo,
Todos escucharon la noticia con atención y esperanza.
Ellos confiaban en Macunaima y en su imparcialidad al compartir los
alimentos que crecían en la cima.
Así fue como cada mañana él acarreaba los canastos vacíos hasta la
cumbre y los bajaba repletos de frutas y hortalizas, recolectaba riquísimos
melones, bananas, kiwis y papayas y personalmente las llevaba maloca por
maloca.
La vida nuevamente se hizo más fácil y la gente volvió a ser feliz.
El accionar del muchacho, caritativo y desinteresado, colmó de gratitud
los corazones de los lugareños convirtiéndolo en el más reconocido y mimado del
pueblo.
Pero como ya dijimos nada es perfecto, la envidia no se hizo esperar,
dos de sus compañeros Tubarao, un tipo común y rústico y Mutuca, comenzaron a
discutir la toma de decisiones que Macunaima llevaba a cabo.
Ellos agitaban a los vecinos mientras discutían si en verdad era o no,
hijo del Sol y la Luna, por lo que tramaron alejarlo del monte, mientras tanto
el joven seguía cumpliendo diariamente la tarea que él mismo se había
encomendado.
Estos envidiosos, seguidos por otros tantos tramaron un siniestro plan,
decidieron alejar al muchacho del espacio donde crecían los tan preciados
frutos y cortar de cuajo los árboles.
Con la estratagema de agradecerle a los espíritus las bondades ofrecidas
y arguyendo la necesidad de obsequiarle flores en la próxima ceremonia que
crecían lejos del Roraima, fue enviado el joven.
Y allá fue Macunaima en busca del más bello y perfumado ramo de flores.
Entonces, ni bien el joven se marchó engañado, unos cuantos jóvenes con
Turbarao a la cabeza se llegaron hasta dónde crecían los frutos con la
intensión de destrozar todos los árboles.
Ellos cargaban grandes canastos en los cuales recolectaron todos los
frutos que encontraron, luego extrajeron gajos y semillas para adueñarse de tan
exquisito tesoro para sembrarlos en sus propias viviendas.
Los pájaros del monte fueron testigos del desguace sufrido a aquellos
árboles, ¡si parecía que un rayo cegador les hubiese puesto fin!
No tardó mucho tiempo en enterarse Macunaima lo que los dañinos
malpensados y envidiosos habían hecho, enloqueció y rojo de cólera, enardecido
de ira se llegó hasta la aldea gritando ¡abandonen sus viviendas!.
Los macuxis aterrados dejaban sus viviendas y el joven guerrero
a pesar de las protestas, convirtió todo lo que tocaba, bosque, casas y
enseres se transformaban en piedra.
Y así, en la soledad más absoluta, el joven Macunaima recordó su infancia y
cuentan que esa fue la última vez que lo vieron, pero están convencidos que su
espíritu habita el monte Roraima que allí vive y vivirá hasta la eternidad.