La
tijereta es un ave pequeña, caracterizada por un largo pico, al igual que su
cola, mide aproximadamente 40 cm. de largo, su plumaje varía de color, cabeza
negra, el pecho y la panza gris plateada.
La
característica que le da su nombre se debe a su cola en forma de tijera, que
se hace más notable en los machos.
Se
alimenta de insectos.
Dicen
que dicen, que en las embarcaciones que llegaban allende los mares venían los
conquistadores, con sus trajes de lata, sus largas espadas y sus temibles armas
de fuego, también integraban la tripulación cocineros, herreros, un cura, un
tonelero, un platero, un carpintero, un sastre, un pintor, un artillero, pero
ninguna mujer.
Esta
carencia hizo que al arribar a estas tierras, algunos de ellos trabaran amistad
con las nativas, con los sabrosos sabores de la comida y el exquisito amargor
del riquísimo mate.
Pero
las nativas eran lo que más llamaban la atención por la piel morena, los largos
y brillantes cabellos renegridos y el cadencioso cimbrar de sus caderas.
Entre
todas ellas había una pequeña mujercita de finos rasgos, de largos y trenzados
cabellos negros, sus suaves gestos, la dulce mirada por todos conocida como
Eira.
Eira
era una hábil costurera también dominaba el manejo y recolección de yuyos.
Entre
los navegantes que había llegado del otro lado del mar hasta el pueblito
guaraní, un sastre, un joven de ojos tan azules como el mismo mar y cabellos y
barba rojiza, no pasaba desapercibido a los ojos de Eira, ella lo veía con
admiración, es que él solía arreglar camisas y pantalones con tal destreza que
sus remiendos eran casi imperceptibles, ella quería aprender.
El
sastre trataba a la joven con delicadeza y cariño y con el correr del tiempo
ellos cayeron en amores y ella lo invitó a vivir en su maloca.
Ellos
se amaban o así lo creía ella.
Pero
la felicidad, muchas veces, no dura para siempre, una mañana gris llegó a las
costas una embarcación con noticias de más allá del mar, el Rey les había
ordenado volver al terruño.
Algunos
de los navegantes decidieron desobedecer las órdenes del rey y se negaron a irse,
pero el sastre al que tanto amaba Eira
tomó
la decisión de volver a su tierra, no sin antes obsequiarle a la muchacha una
filosa tijerita, a la cual Eira no dejaba de admirar puesto que ella era la
primera que veía una.
Llegado
el día de la despedida, ella lo acompañó hasta la orilla y lo vio partir,
mientras la embarcación se perdía en el horizonte ella no dejaba de llorar.
La
tristeza se adueñó de ella y para no olvidar su amor, colgó con un cordel la
tijerita a su cintura y la llevaba a todos lados consigo.
Ella
peregrinó por días para ir a sentarse a orillas del mar esperando que él
volviera, pero los días pasaban y se sumía en la total amargura, se sentía
totalmente sola, todos la criticaban por haberse entregado a un extranjero,
pero lo echaba de menos y no tenía consuelo.
Una
tarde en la comunidad advirtieron que hacía días la joven no aparecía por
ningún lado, recorrieron el monte, pero allí no estaba, entonces se llegaron
hasta la orilla del mar, allí recostada estaba su cuerpito inerte, con la
mirada al horizonte, sin vida, aferrada a la brillante y filosa tijerita gris, y sobre su cuerpo un pájaro negro y gris plateado con una enorme cola
en forma de tijera, al verlos, abrió sus alas con su enorme cola en forma de
tijera se echó a volar hacia el mar con rumbo desconocido.