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EL NACIMIENTO DEL SOL Y LA LUNA. MITO MEXICANO

por Susana C. Otero (adaptaciones e ilustración)




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Dicen que dicen, que todo era oscuridad, no existían los días y las noches, todo era negrura, todo era una eterna noche oscura.

Los seres Supremos eran muy poderosos y preocupados se dieron cita con la premisa de iluminar y clarificar a los hombres y mujeres que habitaban la tierra y a todos los seres vivos sumidos en las tinieblas.

Decidieron encontrarse en la sagrada ciudad de Teotihuacán, el hogar de los Supremos estaba en el mismo Cielo cuyo reflejo en la tierra era la ciudad mexicana del mismo nombre acá en la tierra.

En el tiempo estipulado llegaron los Supremos y el primer paso fue encender una enorme fogata y allí reunidos alrededor de la hoguera, decidieron iluminar la tierra, y tomaron la decisión que uno de ellos debería inmolarse valientemente arrojándose a la hoguera, para volver convertido en un brillante sol.

De todos los allí reunidos, sólo dos de ellos se ofrecieron, ellos eran completamente opuestos, uno era grandísimo, alto, obeso y muy fuerte, el otro era más debilucho, pálido y mucho más pequeño, ninguno lucia oropeles, es más, ambos trataban de pasar desapercibidos, porque ellos sabían que no tenían nada más que ofrecer que sus humildes corazones.

Se prendió una gran fogata, y al fin, llegó la hora, las llamas crepitaban, y flameaban enloquecidas por el viento, el más fuerte de los hombres, llegado el momento se sintió aterrorizado y lejos de inmolarse, echó a correr muerto de miedo y se perdió en el horizonte.

Por el contrario, el otro en lugar de amedrentarse, demostró su gran valentía cuando sin pensarlo dos veces, se arrojó al fuego con total desparpajo, pero contrariamente a incinerarse, su cuerpo fue tornándose fosforescente, brillante, extremadamente reluciente, hasta finalmente  transformarse en un sol, tal como había prometido.

El grandote cobarde, avergonzado de su proceder quiso cambiar su decisión y acometiendo una loca y rauda carrera, se arrojó a la pira encendida, pero ya era tarde, su momento había pasado.

Las fulgurantes lenguas encendidas envolvieron su enorme cuerpo  

encendido se convirtió en una colosal nube la humo que trepó en la oscuridad, atravesó la inmensidad y más temprano que tarde quedó clavado en el cielo transfigurándose en Luna.

Esto nos demuestra que la bondad y la sencillez pueden generar geniales resultados, porque la riqueza no influye en las respuestas y sólo la inteligencia y las buenas acciones compartidas con sus semejantes logra fructíferos resultados.

  

 

 



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