Dicen
que dicen, que todo era oscuridad, no existían los días y las noches, todo era
negrura, todo era una eterna noche oscura.
Los
seres Supremos eran muy poderosos y preocupados se dieron cita con la premisa
de iluminar y clarificar a los hombres y mujeres que habitaban la tierra y a
todos los seres vivos sumidos en las tinieblas.
Decidieron
encontrarse en la sagrada ciudad de Teotihuacán, el hogar de los Supremos estaba
en el mismo Cielo cuyo reflejo en la tierra era la ciudad mexicana del mismo
nombre acá en la tierra.
En
el tiempo estipulado llegaron los Supremos y el primer paso fue encender una
enorme fogata y allí reunidos alrededor de la hoguera, decidieron iluminar la
tierra, y tomaron la decisión que uno de ellos debería inmolarse valientemente
arrojándose a la hoguera, para volver convertido en un brillante sol.
De
todos los allí reunidos, sólo dos de ellos se ofrecieron, ellos eran
completamente opuestos, uno era grandísimo, alto, obeso y muy fuerte, el otro
era más debilucho, pálido y mucho más pequeño, ninguno lucia oropeles, es más, ambos
trataban de pasar desapercibidos, porque ellos sabían que no tenían nada más
que ofrecer que sus humildes corazones.
Se
prendió una gran fogata, y al fin, llegó la hora, las llamas crepitaban, y
flameaban enloquecidas por el viento, el más fuerte de los hombres, llegado el
momento se sintió aterrorizado y lejos de inmolarse, echó a correr muerto de
miedo y se perdió en el horizonte.
Por
el contrario, el otro en lugar de amedrentarse, demostró su gran valentía
cuando sin pensarlo dos veces, se arrojó al fuego con total desparpajo, pero
contrariamente a incinerarse, su cuerpo fue tornándose fosforescente,
brillante, extremadamente reluciente, hasta finalmente transformarse en un sol, tal como había
prometido.
El
grandote cobarde, avergonzado de su proceder quiso cambiar su decisión y
acometiendo una loca y rauda carrera, se arrojó a la pira encendida, pero ya era
tarde, su momento había pasado.
Las
fulgurantes lenguas encendidas envolvieron su enorme cuerpo
encendido
se convirtió en una colosal nube la humo que trepó en la oscuridad, atravesó la
inmensidad y más temprano que tarde quedó clavado en el cielo transfigurándose
en Luna.
Esto
nos demuestra que la bondad y la sencillez pueden generar geniales resultados,
porque la riqueza no influye en las respuestas y sólo la inteligencia y las
buenas acciones compartidas con sus semejantes logra fructíferos resultados.