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Te cuento leyendas
LEYENDA DEL ÑANDUTÍ (DE ORIGEN GUARANÍ)

por por Susana C. Otero (adaptaciones e ilustración)




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Ñandutí en guaraní significa tela de araña.

Este bello encaje se teje sobre bastidores radiales en círculos y sr bordan motivos geométricos o geomorfos, ya sea en hilo blanco o en vivos colores-

Se considera a la ciudad de Itauguá la iniciadora de este maravilloso arte guaraní.

Dicen que dicen...que Samambí, una hermosa y amable jovencita de tez morena y exquisita figura, era codiciada por todos los guerreros de su pueblo, todos la querían conquistar.

Jasyñemoñare y Ñanduguasú eran dos de sus más insistentes enamorados.

Ambos jóvenes deseaban conquistarla y no ahorraban formas para hacérselo saber.

Jasyñemoñare la observaba desde lejos, pero aquel día le suplicó al Todopoderoso Tupá que lo ayudase a conquistar el amor de la bellísima Samambí.

Guayra, el padre de la jovencita, sabiendo que muchos eran los pretendientes de su primogénita, impuso que sólo aquel guerrero que le obsequiase el presente más original a su joven hija, podría acceder al corazón de la muchacha.

Cierta noche, en que Ñanduguasú daba un paseo a la luz de la luna, vislumbró en lo alto de un enorme árbol, un encaje de color plata, que al filtrarse los rayos de luna a través de ellos, lucía aún más hermoso.

La exquisita visión lo hizo actuar imprevistamente y trepó al árbol para alcanzarlo.

Desde las sombras y sin mediar palabras apareció de repente Jasyñemoñare.

Sin dudas ambos jóvenes pensaron que ese sería un fabuloso obsequio para Samambí.

A pesar que Ñanduguasú la había visto primero, Jasyñemoñare, en su afán de ganarle la partida a su rival, intentó atraparla, pero al tocar la tela se le diluyó entre los dedos.

Los muchachos se enfrentaron y lucharon fervientemente, pero sucedió algo inesperado, cuando el uno increpaba al otro por semejante torpeza, se descargó una brutal tormenta, ellos se convencieron que era una señal enviada por Tupá y entre maltrechos y angustiados, cada cual regresó con su familia.

Por la siguiente mañana, la madre de Ñanduguasú al ver a su hijo con las múltiples señales de la pelea lo interrogó y él le narró lo sucedido.

La mujer que era una hábil tejedora, le prometió a su hijo, que ella misma iría esa misma noche a la selva, y buscaría el colosal tejido visto por él la noche anterior.

Mientras tanto, otros pretendientes le hacían llegar a la joven increíbles obsequios, pero ninguno parecía ser el indicado para satisfacer a Guayra.

Había bellos tocados de plumas, collares de semillas o de caracolas, cómodas hamacas y muchas cosas más, pero ninguna era tan formidable para que el cacique entregara a su hija como consorte.

A la caída del sol, madre e hijo se encaminaron en busca del enorme árbol.

Ñanduguasú condujo a su madre, atravesaron el monte y al fin lo vieron, ahí estaba, una pequeña araña tejía afanosamente, mientras que que un luminoso rayo de luna se filtraba entre la trama asemejándolo al más fino encaje jamás visto por la tejedora.

Ambos, madre e hijo, felices retomaron el camino de vuelta a su maloca.

Sin pérdida de tiempo la madre de Ñanduguasú eligió el mejor hijo y se dispuso a diseñar el regalo para Samambí.

Una vez finalizado el fino trabajo de hilado, Ñanduguazú se engalanó con sus mejores prendas para presentarse ante Guayra y su hija.

Se Alistó con su mejor tocado de plumas, su exquisito collar de semillas y colmillo de jabalí, su llica, esa que su madre le había obsequiado y no olvidó su tembetá.

Luego, antes de ponerse su tocado, peino sus largos y renegridos cabellos con una prolija trenza, saludo a su madre y partió en su canoa llevando consigo la preciada ofrenda.

Luego, al atardecer, cuando el sol se escondía en el horizonte, Guayra y Samimbí lo recibieron y al revisar el regalo, ambos quedaron maravillados con el obsequio.

Sin dudarlo Guayra consintió en otorgarle la mano de su hija.

No tardaron mucho tiempo en formar una hermosa familia, tuvieron varios hijos fueron y muy felices.

Ahhhhh! la amorosa abuela les enseñó a sus nietas el arte del Ñandutí y ellas fueron las que se encargaron de transmitir el bello trabajo, y así, fue enseñado a las generaciones venideras tal como hoy en día lo conocemos.

 

Segunda versión de la leyenda del Ñandutí. ( de origen guaraní)

Una versión muy parecida a la anterior, pero cambian los personajes .

 

Dicen que dicen ... que Ko’e era bellísima. Su figura esbelta, sus largos cabellos renegridos y aquellos ojos brillantes y sugestivos la hacían sobresalir de las demás mujeres del lugar.

Juky le había pedido al padre de Ko’e le permitiera conquistar a su hija, cualquier padre hubiera estado orgulloso, pero no fue así.

A Guyra no le sorprendía que muchos guerreros quisieran intimar con la bella Ko’e, pero él adujo, que quien le hiciese el mejor obsequio y luego se sometiera a una competencia, se ganarla, sería el guerrero que tuviese el honor de ganarse como compañera a la bella Ko’e.

La dulce muchacha había mirado a Juky con tristeza y eso a él le hacía galopar el corazón. Ella era tan bonita, su piel cobriza, su cintura de mimbre y sus cabellos más allá de su cintura, no lo dejaban dormir.

Sin dudas él debería elegir el más espectacular obsequio para la hermosa Ko’e.

Una tarde Juky observó a su madre y experimentó una profunda admiración e infinita ternura al ver como el hilo de algodón se deslizaba hábilmente agujas mediante, entre sus mágicas manos, sus dedos morenos iban y venían haciendo piruetas en el aire, el resultado era espectacular,  él le agradeció a su madre y ella adujo que él se lo merecía por ser un buen hijo.

El joven se despidió de su madre con un beso en la frente y tomando su arco y sus flechas y salió rumbo al monte cercano, camino un largo rato, la sequía se hacía notar, no había llovido en semanas y la tierra polvorienta se le pegaba al cuerpo sudoroso.

En un rellano del camino, donde un rayo de sol caía vertical, se topó con un gran quebracho y sobre las ramas un enorme, un boyero que se posaba sobre ellas, estaba a punto de dispararle con sus flechas cuando vio a Ñandú , ella tejía una tela que lo dejó perplejo.

Juky pensó que era lo que tanto había estado buscando, pero al quererlo tomar en sus manos la tela se le deshizo entre sus dedos tal como si fuesen pompas de jabón. Este encaje era digno de su amada Ko’e.

Al llegar a maloca le relató a su madre del hallazgo y de lo sucedido cuando él quiso tomar en sus manos la bella labor de Ñandú, su madre le dijo que ya era tarde, a la mañana siguiente, bien temprano, resolverían el problema.

Juky se acostó y no pudo dormir, él sabía que otros aspirantes ya le habían hecho obsequios como collares de semillas y caracolas, bellas diademas de plumas multicolores, hermosos tipoys, pulseras y aros de hueso tallado entre muchos otros regalos.

A la siguiente mañana, madre e hijo volvieron monte adentro en busca del colosal quebracho y para sorpresa del muchacho, nuevamente Ñandú había vuelto a recrear su fino encaje y otra vez los rayos matutinos se filtraban entre el tejido.

_¡ No la toques ! _ advirtió su madre, buscó dos ramas que fueran flexibles y les fueran útiles para usarlas a modo de agujas, luego cortó un mechón de sus largos cabellos y con premura ensayó las idas y vueltas del preciado trabajo.

Cuando ambos regresaron a su maloca con el modelo en sus manos, la madre de Juky se dedicó a elaborar el tejido, seguramente ese obsequio sería peculiarmente especial.

Una vez finalizada la labor, ella se lo extendió a su hijo con manos temblorosas, él quedó impresionado.

Juky no perdió el tiempo, y se vistió para ocasión, su madre le imploró a los supremos le concedieran los deseos a su primogénito y a sus antepasados que lo acompañasen.

Luego el muchacho remontó el río en su canoa hasta la aldea de Guayra y le presentó el regalo al cacique, él lo tomo en sus manos y sonriendo hizo un gesto de aprobación.

Por supuesto que no tuvo ningún inconveniente con la competencia, el era un guerrero avezado y venció a los demás sin ninguna dificultad.

Ko’e estaba emocionada, la prenda la hacía lucir fascinante, ella elogió el tembetá que Juky estaba usando, y luego juntos fueron a caminar, poco tiempo paso para que ambos formaran una hermosa familia. Con el tiempo la pareja tuvo muchas hijas y la abuela haciendo honor a Ñandú, les enseñó a todas sus nietas el arte del tejido y en homenaje a la laboriosa araña llamaron a ese encaje artesanal Ñandutí.

 



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