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PINTORCITOS DE CHUCALEZNA

Autora: María Chorolque. La serpiente no significa culturalmente lo mismo en la tierra de los conquistadores que en Abya Yala.

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UNA EXPERIENCIA JUJEÑA EJEMPLAR

por Ricardo Luis Acebal

Seguramente a quienes vean y lean esta nota desde una edad parecida a la del autor de la misma (edad "de merecer"...nietos) tanto las bellas pinturas realizadas por niñas y niños quebradeños durante los años sesenta del siglo pasado, como la excepcional documental realizada por Jorge Prelorán no resultarán novedosas, teniendo en cuenta el concepto de "novedoso" que se maneja en los actuales tiempos del guasá (lo expreso en castellano tirando a lunfa).

La titulé "pintorcitos" aprovechando que por estas tierras hablamos un idioma muy rico, compuesto con miles de palabras que, además, según cómo se las diga pueden significar cosas diferentes. En este caso y a lo mejor influído por esto de la edad de merecer... nietos, el diminutivo me sonó como un término super cariñoso hacia ellos y de ninguna manera calificativo como de que todavía les faltaba mucho para ser "pintores".

Recuerdo que en una conversación con el poeta abrapampeño Domingo Zerpa, al manifestarle yo mi admiración por la sencillez y musicalidad de sus "Versos chiquititos" (Versos chiquititos/tamaño un dedal/ pa` los bolsillitos de tu delantal...) se lamentó de que desde que comenzó a leer a los grandes poetas de su tiempo comenzó a perder la capacidad innata de expresarse como en esos primeros "versos chiquititos" y que a partir de esos "conocimientos" la síntesis y musicalidad de sus poemas nunca volvió a ser como el de los chiquititos.

Emocionándome al contemplar los trabajos de aquellos "pintorcitos" de Chucalezna no puedo menos que recordar ese lamento reflexivo de don Zerpa y pensar también qué habrá sido de esos "artistas plásticos", tan bien retratados cinematográficamente por Prelorán.

Por lo general el "academicismo", que desgraciadamente no se basa en principios artísticos de nuestra Abya Yala sino en los de Grecia, Italia, Francia, etc. termina convenciendo a nuestros poetas, a nuestros músicos y también a nuestros "pintorcitos" que los modelos a seguir no son de estas tierras. Y que si se quiere "triunfar" hay que expresar lo que se siente siguiendo el modelo de los "grandes maestros", cuyos lugares de nacimiento y crianza están ubicados en el "hemisferio Norte".

Rafael Lino Gindin que es quien se ocupa de "Fotografía" en Identidad Cultural (y además es profesor de "Medios Audiovisuales" en el Departamento de Folklore de la Universidad Nacional de las Artes) me acercó un texto que, aunque "académico" y polémico, me pareció un concepto expresado con hondo  sentimiento y conocimiento por Héctor J. Cartier, a propósito de niños pintores:

"El niño accede a la realidad del mundo con la totalidad de su mundo. Es la forma natural de ser en el mundo de las cosas, romper su opacidad y existir en ellas como siendo las cosas mismas. Su percepción es expresiva, no técnico- geométrica. El niño no expresa al mundo tal cual lo conoce -posición intelectualista-, sino, tal cual lo ve y lo vive. Su actitud es naturalmente vital, existencial, sin fijaciones intelectuales. Se obedece sintiendo desde todo su ser en movimiento, comprometido. De ahí la dimensión de sentido y su espontánea expresividad creativa: no está parcelado ni parcela. Lo que designa es el designado: no hay dicotomías; de ahí su auténtica y vital fuerza expresiva."

 


"Noche de luna" por Miguel Martínez.

 


"Cardonal" por Felipa Saiquita (15 años)

 

Dice Verónica Mendoza, hija del fundador del "Taller de Niños Pintores de Chucalezna" (1959) el profesor Jorge A. Mendoza:

"En San Salvador de Jujuy, el Museo Municipal de Bellas Artes lleva el nombre de mi padre. Detrás de esa decisión hubo una historia que merece ser contada.

Las fotos y cuadros que verás aquí  (se refiere a su sitio en internet) son preciosos, si decidís usarlas por favor mencioná sus autores. Si no figura un claro autor mencioná al Taller de Niños pintores de Chucalezna (Jujuy, 1959) o a este blog. GRACIAS".

 


Prof. Jorge Mendoza y alumno del Taller. En el fondo, una obra muy destacada, "Adán y Eva en el Paraíso", cuyo destino se desconoce. Foto: Lorenzo Kelly (1959).

 

 


"Mi escuela" según Andrea Garnica.

 


"Cochinoca" según Cástulo Vilte.

 


"Ruta 9" según Roberto Martínez.

 


"Burritos salineros"

 


"La víbora" según Marcos Chorolque, de 15 años.

 


Fotografía de una Argemone mexicana , comúnmente llamada cardo santo. En Jujuy se llama "chucalezna".



El taller "Lorenzo Kelly" en 1962 y EL COLOR.

 


Jorge Prelorán y Fermín Rivera en 1968 y uno de los protagonistas de su película.


  Polémica de alto nivel

SOBRE CHUCALEZNA

La experiencia "Chucalezna" siempre me pareció maravillosa, y es un referente ineludible en mi  catedra de Folklore y Arte Argentino, para explicar la importancia del espacio simbólico y el  fenómeno de la bidimensión, presente en todo el arte de la antigüedad. O como suelo decir: cuando el arte no se llamaba "arte". El desarrollo de esto es muy extenso y excede el espacio de un comentario. Se relaciona a una cosmovisión teocéntrica del universo  que abarca a todas las culturas de la antigüedad y por supuesto a todas las culturas ancestrales de  América.

La visión tridimensional que dominará las artes visuales eurocentristas, se  genera en el Renacimiento por la necesidad cultural de establecer el antropocentrismo. Necesidad no solamente filosófica o cultural, sino para justificar la expansión capitalista  y territorial europea. Bueno, aquí me metí en otro embrollo cuya explicación excede ampliamente el espacio de este comentario.

 


Profesor Alberto Sorzio (Foto: Rafael L. Gindin)

 

Pero quisiera hacer una observación a la nota publicada y es respecto al comentario de Héctor Cartier cuando dice: "El niño no expresa al mundo tal cual lo conoce -posición intelectualista-, sino, tal cual lo ve y lo vive". Es exactamente lo contrario: pinta lo que sabe no lo que ve. Eso refuerza el carácter vivencial del espacio y por ende simbólico. Observemos, por ej. "La escuela" de Andrea Garnica. Incluye los elementos que sabe que existen, porque vivenció su escuela, pero no los representa como se ven; el mástil acostado, al igual que los niños y el perro, incluso pinta el frente y el lado del edificio, observación  simultanea imposible, hasta la llegada del Cubismo, pero sí sabe que el patio es un espacio que los incluye a todos. Observemos  las víboras de las dos obras de los Chorolque, son de un tamaño absolutamente simbólico, no "como se ve".

Como profesor de pintura tuve que trabajar muchas veces con niños a los que siempre respeté en sus formas expresivas. Me negué a dar "clases" a niños en mi taller particular en Bella Vista. Muchos conocidos y amigos quisieron traer sus hijos a que yo les "enseñe". MI respuesta invariable era la siguiente: -"Tu hijo en mi taller  va a hacer lo mismo que haría en tu casa, con la diferencia que a mí me tenés que pagar".

Trabajando en colegios tuve muchos enfrentamientos con colegas que creían que podían superar o mejorar la imaginación o sensibilidad del niño "enseñándole" como se hacen  las cosas. Criterio academicista y por ende eurocentrista. Problema no solo de los profesores de arte, sino extensivo a los docentes que critican o ironizan las producciones infantiles. Y no dejemos  afuera a los familiares que aportan lo suyo a la descalificación.

                                                                            

Prof. Alberto E. Sorzio

Titular "Folklore y Arte  Argentino"

Depto. de Folklore U.N.A

 

 

Si desea ver "Chucalezna" haga click sobre el lado derecho (arriba) de esta página.



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