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EL PATO DEPORTE NACIONAL

Eleodoro Marenco "Jugando al pato"

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Eleodoro Marenco "Jugando al pato"

por la Licenciada MARGARITA E. GENTILE

Tomado de "El área pampeana" Su abordaje a partir de estudios interdisciplinarios editado por el Centro de Estudios en Ciencias Sociales y Naturales de Chivilcoy ISBN 978-987-05-6183-5 Año 2009.

LOS BANDOS DE BUEN GOBIERNO Y EL JUEGO DE EL PATO.

Margarita E. Gentile

CONICET - FCNyM, UNLP

margagentile@yahoo.com.ar

Introducción

A partir de 1846, los estudios de Folklore basaron sus análisis y

comparaciones en la entrevista y recopilación de bibliografía originada

en tradiciones antiguas; pero desde fines del siglo XIX, se fueron

incorporando como fuentes las crónicas de época, relatos de viajeros,

documentos judiciales y administrativos, cartas personales y otros textos redactados, en principio, con finalidades diversas de las de servir a investigaciones del folklore regional.

Como complemento a lo que se sabe acerca de la costumbre de jugar

al Pato en el ámbito del virreinato de Buenos Aires1, en lo que sigue nos referiremos a noticias extraídas de "bandos de buen gobierno"

pregonados en las ciudades de Santiago del Estero y San Miguel2 entre 1790 y 1798, en los que se prohibía jugar al Pato en circunstancias que aportan datos nuevos para la historia de este juego.

El asunto interesa, además, porque en otras ciudades del virreinato se

promulgaron bandos con la misma finalidad y la misma falta de éxito.

Asimismo, tenemos a fines del siglo XVIII que este juego era popular en territorios norteños y tenía variantes que, parece, no tuvo en el sur.

Si bien hubo varias clases de bandos, los llamados "de buen gobierno"

eran las leyes municipales leídas de viva voz por el pregonero al público convocado a toque de tambor en las esquinas del mercado, iglesia principal y cabildo de las ciudades para que todos se enteraran de lo que ordenaban las autoridades locales; el trámite lo completaba un escribano y testigos que daban fe que el pregonero había leído dicho bando en tales y cuales lugares, y en determinadas fechas. Los bandos eran respuestas inmediatas a problemas locales; por eso, permiten hoy día conocer más sobre temas domésticos, cotidianos.

En otro orden, el del Derecho, parece que el envío de la información

requerida por la Corte a las autoridades locales americanas no era

fluido, continuo, y así pocos de los bandos de buen gobierno habrían

llegado a España. Ante la imposibilidad material de controlar todos los

rincones de sus dominios, la corona española aprobó la auto-gestión

local o provincial y su consiguiente producción legislativa porque los

reinos, provincias y ciudades disponían de poderes jurisdiccionales y

normativos que no podían ser desconocidos mientras mantuviesen el

reconocimiento y fidelidad a la autoridad política y suprema encarnada

por el rey (Tau 2004: 26).

El tema.

La noticia más antigua que conocemos, hasta ahora, acerca de este

juego en la región pampeana data de 1610; el relato contiene -en forma reducida- todos los elementos que luego vamos a encontrar en el juego de El Pato en los siglos siguientes, aunque en ese momento dicho juego no estaba mal visto, para expresarlo de alguna manera; no obstante, los únicos que "corrieron algunos patos" en aquella oportunidad fueron quienes un rato antes habían jugado en el rol de indios, de donde se puede suponer que, aunque era un juego, a principios del siglo XVII el mismo no era propio de españoles; el autor tampoco dijo si quienes jugaban en cada uno de los roles, lo era exactamente (el indio o mestizo, como indio, y el español como español), o no.

La descripción corresponde a las fiestas realizadas en Buenos Aires en ocasión de la canonización de Ignacio de Loyola, y decía así:

"... jugaron cañas sesenta de a caballo, la mitad vestidos de libreas

a lo español, y la otra mitad, desnudos y pintados como los indios,

solo cubiertos lo que pedia la honestidad y modestia, y con jugar

assi, y en caballos sin sillas jugaron con tanta destreza mas de dos

oras, sin que cayesse alguno o sucediesse algun desman

acabando con una escaramuza muy de ber, y luego vinieron todos

delante de nuestra iglesia, y los que jugaron como indios corrieron

algunos patos, que a todos causo admiracion verlos assi a ellos

como a los caballos que parecian incansables corriendo corriendo

con tanta incomodidad. " (Torres, [1610] 1923: 55).

Desde 1939, en la República Argentina, El Pato es un deporte con

reglas y cancha específicas; la historia de su origen, difusión y formas

de jugarlo es incierta pero todas las versiones coinciden en era

practicado solamente por hombres y que se lo jugaba a caballo.

Parece también que el nombre se debía al pato vivo metido en una

bolsa de cuero de la que sólo le sobresalía el pescuezo; a dicha bolsa

estaban cosidas unas cuatro a seis cuerdas de tiento trenzado que era

por donde se trataba de sujetarla (Coluccio 1981 inter alia).

A diferencia de los treinta jinetes de 1610 que jugaron frente a la iglesia de San Ignacio en Buenos Aires, en el siglo XIX el juego consistía en la reunión de dos o más grupos de innumerables jinetes que acordaban un punto de encuentro que, en el caso de la pampa argentina era una pulpería3 en el área rural; el juego se iniciaba con un jinete de cada bando sosteniendo una de las manijas de la pelota de cuero tironeándola hacia sí hasta que el contrario soltaba y entonces el que había conseguido retener el pato partía a la carrera rumbo a la casa en cuyo patio -según se había convenido de antemano- se lo debía arrojar.

Este lugar era uno de los extremos de la cancha y estaba situado a, por lo menos, media legua4 de la pulpería; el jinete que conseguía llegar hasta allí sin que ninguno de los otros, que eran muchos, se lo impidiera, ganaba prestigio para su caballo, para sí y para su equipo.

Si bien se suele aceptar que El Pato es una síntesis de cinchada, doma y carrera cuadrera5, en realidad era - hasta su oficialización como juego ecuestre pautado- una especie de batalla campal en la que todo valía; duraba el día entero y tras la jornada quedaba en el campo un tendal de muertos, heridos y luxados, tanto hombres como caballos, además de pilchas6 y aperos7; era tal la rudeza desplegada durante el mismo que cuando se veían rastros de violencia en los ranchos y pulperías se decía

"¡por aquí ha pasado el pato!" (Coluccio, 1981: 352).

Vuelven a ser notorias las diferencias con aquel juego de 1610, donde apesar de correr durante más de dos horas en caballos sin sillas, sin

embargo ninguno se cayó y todo transcurrió sin que "sucediesse algun

desman ", es decir, sin que pelearan entre sí los participantes.

Por ese despliegue de brusquedad y descortesía el juego fue

reiteradamente prohibido por las autoridades municipales, gobernadores y obispos, aunque sin éxito porque era práctica habitual de los soldados de la caballería ligera, arrieros y peones de las áreas rurales. En nuestra opinión, se trataba de una forma de entrenamiento para el tipo de guerra de la época, en la que los jinetes eran parte importante.

No obstante, Martiniano Leguizamón decía a principios del siglo XX que El Pato derivaba de las cacerías del ñandú (Rhea) y guanaco (Lama guanicoe) con boleadoras8 cuyo protagonista era el caballo capaz de eludir las fintas de estos animales por la pampa; Carlos Moncaut lo siguió en esta afirmación en su trabajo publicado en 1999.

En 1943, el historiador José Torre Revello, sin dejar de reconocer el

arraigo que el "juego del pato" tenía en la campaña argentina decía, sin embargo que su "verdadero origen se ignora". En tanto que Pedro

Grenón afirmaba, unos años después, en 1956, que "El pato es un

deporte ecuestre genuinamente argentino. Todo induce a creer que

nació en nuestra patria y que no llegó a extenderse a otros países .". Sin embargo, hay por lo menos un dibujo de un viajero decimonónico que muestra a dos jinetes tironeando un gallo u otro animal durante la fiesta de San Juan, en Colombia (Jurado Jurado, 2004: 75).

Tanto Mariano Pelliza como Enrique Hudson y Benito Mallol

describieron el juego, seguramente a partir de relatos de participantes ya que, tras los tironeos iniciales, una vez que los jinetes se echaban a la carrera debe de haber sido más que difícil discernir desde afuera qué sucedía dentro de la polvareda levantada a su paso.

Como dijimos antes, y hasta donde sabemos, todos los autores que se

refirieron al tema dieron por sentado que El Pato era un juego, o

deporte, o entretenimiento, propio de jinetes. En la bibliografía se citaron algunos bandos que lo prohibían, pero no todos. Veamos, entonces, algunos inéditos hasta hace poco que contienen datos que

complementan y amplían lo que se sabía acerca de quienes practicaban el juego de El Pato.

Nuevos datos sobre un antiguo tema.

En 1790, mediante un bando los alcaldes ordinarios de primer y

segundo voto de la ciudad de Santiago del Estero, Juan Joseph de

Erquicia y Nicolás de Villacorta y Ocaña mandaron pregonar que

"... totalmente privamos [sic pro: prohibimos], así en esta ciudad

como en su jurisdicción, el juego de pato de a pie y de a caballo,

[por] las desgracias que se han experimentado, bajo de la [pena]

que se les impone a los contraventores de doce pesos apl [icados]

en la forma ordinaria y, en su defecto, cincuenta [azotes]." (Tau

2004: 393).

El texto aporta un matiz a lo que se sabía hasta ahora: que se podía

jugar de a pie, lo que ampliaba la convocatoria al juego porque quienes no tuviesen caballo también podían participar. Pero -suponemos- que jinetes y peatones lo harían en distintos momentos.

Dos años más tarde, otro bando dado en la ciudad de San Miguel -en

términos muy similares a los que se dieron, repetidas veces en la villa

de Luján-9, reiteraba la orden de los alcaldes ordinarios de primer y

segundo voto, José Antonio Álvarez de Condarco y Pedro Antonio

Aráoz:

"... Mandamos contra los que jugaren el pato o en parte concurran

a ello se procederá por todo rigor de Derecho porque enteramente

lo prohibimos, y serán juzgados como reos de crimen riguroso. "

(Tau 2004: 408).

Si bien con este bando se explicitaba el radio de acción de las

autoridades abarcando a los jugadores y a quienes favorecían la

realización del juego, es decir, los dueños de las pulperías, tras no haber obtenido los resultados esperados, otro bando dado también en San Miguel en 1798 y firmado por uno de los alcaldes anteriores y ahora reelegido, insistía:

"... Ítem, que en ningún caso se juegue al pato a caballo, so pena

de que se procederá contra el causante y los cómplices por todo

rigor de Derecho .".

En este bando se precisó más el contexto, para no dejar lugar a dudas

que generaran discusiones al momento de aplicarlo: "el causante" era el organizador del juego y "los cómplices" los mismos jugadores; pero, un poco más adelante, en el mismo texto, se agregaba:

"... Ítem, que lo prevenido en el artículo 28 [sic pro: 20] se

entenderá con las mujeres, a quienes se les prohíbe enteramente

ejercitarse en dicho juego de pato a pie, como acostumbran, por

las respectivas desgracias y muertes que han padecido sofocadas

de dicho juego. " (Tau 2004: 442 y 444).

Es decir, en las áreas rurales de Santiago del Estero y San Miguel las

mujeres también jugaban al Pato, pero de a pie; además, ésta variante

no era una exclusivamente femenina. Veamos esto con un poco más de detalle.

El texto citado decía que la prohibición era respecto de "ejercitarse en

dicho juego de pato a pie ", lo que deja suponer que podría tratarse de

una instancia previa (adquirir destreza) para luego jugar a caballo; y lo

que el bando pretendía prever eran "las respectivas desgracias y

muertes que han padecido sofocadas de dicho juego. ", es decir, cuando luego de entrenarse, jugaban como jinetes. Y, por lo que decía el bando tucumano, entrenaban y jugaban con extremo entusiasmo. No contamos, hasta ahora, con esta clase de noticias para otras villas y ciudades del antiguo virreinato.

De a pie, el juego del Pato requeriría un espacio menor para su

despliegue, sólo el terreno pelado frente a la pulpería; los puntos de

referencia hacia donde tendrían que correr las jugadoras estarían más

cerca que media legua; sin embargo, la rudeza del juego no era mucho menor ya que era posible morir sofocada durante el mismo, sin contar los golpes dados y recibidos, ya que el contacto no estaría mediado por la montura.

Busqué, sin éxito, ilustraciones. Algunos colegas sureros10 me dijeron

que ellos no conocían -si bien no descartaron que hubiese- dibujos,

acuarelas o grabados de viajeros del siglo XVIII mostrando mujeres

jugando al Pato; pero parece que tampoco las hubo, para esa época,

que ilustren el juego practicado entre hombres, ni de a pie ni de a

caballo.

Esto no es extraño si se piensa que por jugarse en campo abierto y

evolucionar los jugadores de manera impredecible, la ubicación del

dibujante resultaba azarosa y por demás riesgosa. El cuadro de Della

Valle (c.1893)11, por ejemplo, muestra al grupo de jugadores posando

para el pintor, actitud estática a la que el artista trató de comunicar

dinamismo colocando algunos elementos plásticos en diagonal. Por su

parte, el dibujo de Rapela (1978) muestra a los jugadores en plena

carrera y tironeos, antes de soltar el pato e iniciar realmente el juego, en un momento de la evolución ecuestre que era también propia de una carrera cuadrera, o del pialador12 durante la yerra13. Pero una témpera de Molina Campos (c.1940) muestra la disputa por el pato ya en pleno juego.

Estas representaciones, más que documentos gráficos que ilustran el

juego con precisión son más bien alegorías porque fueron realizadas en momentos en que el juego mismo iba perdiendo -hasta que perdió- su carácter de batalla campal, porque también la guerra iba adquiriendo otras formas y comenzaban a usarse otras armas.

Reiteramos nuestra opinión de que, en general, jugar al Pato fue una

manera de entrenamiento para el ataque y la defensa; y con relación a

la noticia acerca de la participación de mujeres en dicho juego, tomando en cuenta los sucesos del siglo XIX vemos que los mismos (guerras de la Independencia, luchas entre los caudillos provinciales) encontraron a las mujeres dispuestas a defender sus hogares de los malones14 y a sobrevivir como cautivas en las tolderías.

Por otra parte, si bien nadie las dibujó ni pintó jugando en ese

momento, el pintor anónimo que reunió en el siglo XVIII documentación gráfica para la Colección Crombie (Londres), escribió al pie de una acuarela que representaba a una mujer de Tucumán: "El [traje] de vna Mulata Camilucha. diestras a Cavallo como en la Fabrica de Ponchos y otros tejidos.". Años después, Pancho Fierro representaba en plena acción a "Juanita Breña capeando un toro en Acho (1821)"15, y luego Juan Mauricio Rugendas (c.1840) pintó una jarana16 en el paseo de Amancaes entre cuyos participantes se encontraba una mulata montando diestramente una mula.

Pero esta forma de montar a caballo las mujeres no tenía que ver

solamente con diversiones; una de las acuarelas mandadas pintar por el obispo de Trujillo, alrededor de 1790, muestra a una familia de indios de los valles de la costa norte peruana trasladándose a caballo y allí se ve que la mujer monta como cualquiera de las jinetes que venimos de ver.

Es decir, hubo en Tucumán y en otros sitios del virreinato algunas

mujeres que eran buenas jinetes, pero también hubo una línea tenue y

difusa entre el ámbito de lo social y lo ecuestre que les permitió a la

mulata camilucha, a Juanita Breña y a tantas otras mujeres anónimas de esa época lucir sus habilidades tanto como prepararse para defender lo propio en los años de la Independencia de nuestras naciones; y ensayar jugar al Pato de a pie fue un buen ejercicio para ese fin.

Comentarios finales .

Es importante para los estudios de Folklore dejar abierta la posibilidad

de incorporar nuevos conocimientos a asuntos aparentemente cerrados con la finalidad de establecer, o restablecer, la antigüedad de los datos usados, y su dispersión, pero también de contextuarlos, trazar su genealogía, y finalmente precisar tradiciones, continuidades y cambios.

Si bien la línea entre el objeto de estudio y la metodología del Folklore y de la Etnología se pierde por tramos, -y es aún motivo de discusiones que exceden el propósito de este artículo-, no obstante conviene anotar que, en nuestra opinión, la dinámica propia del hecho folklórico convierte rápidamente en retrospectiva cualquier formulación teórica, de ahí la atención que demanda la posibilidad señalada.

Los textos que venimos de ver muestran cómo los bandos, que son

documentos que sirven sin duda a la Historia del Derecho, también

pueden leerse desde el Folklore porque hubo varios tipos de bandos, y

los llamados "de buen gobierno" eran documentos que nos permiten hoy apreciar de cerca los temas cotidianos propios de cada una de las

ciudades donde se suscribieron, temas entre los que se encuentran

muchos de los objetos de estudio del Folklore.

En el área andina argentina vimos que la publicidad de este tipo

particular de acto de gobierno se realizaba según la costumbre hispana.

Los bandos que vimos aquí prohibían jugar al Pato; fueron pregonados,

entre 1790 y 1798, en las ciudades de Santiago del Estero y San Miguel, ambas de la intendencia de Salta. Pero este juego continuó, a pesar de la amenaza -en el año 1800-de excomunión a los jugadores y

prohibición de entierro en sagrado a quienes murieran jugando a El

Pato. Pero tanto la afición, como la necesidad de entrenarse frente a

peligros concretos eran tales que ni siquiera el gobernador Juan Manuel de Rosas, a mediados del siglo XIX, consiguió erradicar la costumbre de practicar este juego.

Bibliografía.

Anónimo (Alonso de Barzana?). [1586] 1951. Vocabulario y phrasis en

la lengua general de los indios del Perú, llamada Quichua . Lima:

Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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Lima: Editorial Peisa.

Coluccio, F. 198. Diccionario folklórico argentino. Buenos Aires: Plus

Ultra.

Del Carril, B. 1978. El gaucho a través de la iconografía. Buenos Aires:

Emecé, Editores.

Gentile, M. E. 2003-2004. El uso de fuentes documentales en Folklore:

un estudio de caso. Folklore Latinoamericano VII: 137-140. Buenos

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Grenón, P. 1956. El juego del Pato. Buenos Aires.

Jurado Jurado, J. C. 2004. Desastres naturales, rogativas públicas y

santos protectores en la Nueva Granada (siglos XVIII y XIX). Boletín

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Moncaut, C. A. 1999. Pulperías, esquinas y almacenes de la campaña

bonaerense. Historia y Tradición. 2 tomos. City Bell: Editorial El Aljibe.

Rapela, E. 1977-1978. Conozcamos lo nuestro. 3 tomos. Buenos Aires: Cielosur Editora.

San Martino de Dromi y M. L. n/d (1990?). Intendencias y provincias en la historia argentina. Buenos Aires: Editorial Ciencias de la

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Saubidet, T. 1975. Vocabulario y refranero criollo. Buenos Aires:

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Tau Anzoátegui, V. (edición y estudio). 2004. Los bandos de buen

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Torre Revello, J. 1939. Partida o juego de Pato. Diario "La Prensa",

Buenos Aires, 5-2-1939.

Página 47

Torres, D. de. [1610] 1923. Segunda carta... En: Cartas Anuas de la

Provincia del Paraguay, Chile y Tucumán de la Compañía de Jesús

(1609-1614): 41-82. Documentos para la Historia Argentina. Iglesia,

tomo XIX. Buenos Aires. Algunos sitios en la red global:

http://www.fedpato.com.ar

http://www.pasionxelpato.com.ar

http://www.lasherasweb.com.ar

http://www.relinchando.com

Agradecimientos.

A Roberto Fantoni, Florencia Galesio, María Luisa Gamallo, Pedro

Gomiz y Alberto E. Sorzio.

Al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

República Argentina.

Instituto Universitario Nacional del Arte, Buenos Aires.

Fondo Nacional de las Artes, República Argentina.

Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, República Argentina.

Notas

1 La titulación de la Real Ordenanza de Intendentes (1782) dice "Virreinato de

Buenos Aires ", aunque la denominación de éste fuera, además, la de "Virreinato del Río de la Plata", o "Virreinato de las Provincias del Río de la Plata" (San Martino deDromi, n/d (¿1990?): 13).

2 También llamada San Miguel de Tucumán.

3 "Pulpería. Despacho de comestibles y bebidas en la campaña, más importante que el boliche. En los tiempos antiguos las pulperías tenían en su interior rejas de hierro o de madera que separaban al público de la parte donde se hallan las mercaderías y despachaba el pulpero. La pulpería es almacén, tienda, taberna y casa de juego.

Sitio de cita del paisanaje. En ella se juega a los naipes, a las bochas, a la taba y, en los días de fiesta, se corre la sortija, etc... Pulpería, según algunos autores, deriva de Pulquería, pues en lengua pampa llámase Pulcú, Pulcuy o Polcú al aguardiente, principal bebida que se expendía en estos negocios, dando origen a su nombre. En Méjico los nativos llaman aún hoy pulque a la chicha, y Pulquería a la Pulpería." (Saubidet, 1975: 313).

4 Unos 2500 a 3000 metros.

5 "Carreras cuadreras. Antiguamente las carreras se corrían por cuadras, no por

metros, como hoy. De ahí el origen de la expresión. La carrera de resistencia era

generalmente de cuarenta cuadras ." (Saubidet, 1975: 80).

6 "Pilcha. Prenda modesta de vestir, pieza del recado. Pilcha dominguera: la que e

usa en los días de fiesta para lucirla ." (Saubidet, 1975: 296).

7 "Apero. Recado de montar del gaucho." (Saubidet, 1975: 20).

8 "Boleadoras. ... Consiste en sogas o ramales que llevan en su extremo unas bolas que se lanzan a distancia con fuerza, sobre los animales, para derribarlos. Pueden ser de dos o tres bolas. ..." (Saubidet, 1975: 47). Se trata de los ayllu o aillos delámbito andino: "Ayllu. cierto instrumento para trauar los pies en la guerra, y para cazar fieras, aues, &c." (Anónimo, [1586] 1951: 18).

9 Actualmente una ciudad en la Provincia de Buenos Aires.

10 "Surero. Natural de los partidos del sur de la provincia de Buenos Aires."

(Saubidet, 1975: 373).

11 Ángel Della Valle (Buenos Aires, 1852-1903). "El juego del Pato". Óleo sobre tela, 95,4 x 146,44. Inventario 8493. Colección del Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.

12 "Pialador. El que piala." (Saubidet, 1975: 293). "Pial. O peal. Tiro de lazo que se

hace a las manos del animal para voltearlo en su carrera: echar un pial, tirar un pial, pialarlo. En las yerras se piala a rodeo, o sea en medio del campo, y en corral, puerta afuera, etc... " (ibid. 291).

13 "Yerra. Hierra. ... Fiesta tradicional de los gauchos... Trabajo en que se procede a marcar las crías orejanas de vacuno y yeguarizo. ... (Saubidet, 1975: 415).

14 "Malón. Asalto de indios con saqueo de pueblos, rancheríos, etc. Depredación de campos, sorpresa, acometida de los indios salvajes." (Saubidet, 1975: 224).

15 Así tituló esta acuarela Ricardo Palma.


Figura 1. "El juego del Pato", óleo sobre tela por Ángel Della Valle. Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.

 

 


Figura 2. "Jugadores de Pato". Témpera de Florencio Molina Campos, c.1940

   


Figura 3. "Juego de El Pato". Dibujo por Enrique Rapela

 


Figura 4. Día de San Juan. Dibujo de J. Torres Méndez, c. 1860



Figura 5. Camiluchos. Anónimo, siglo XVIII. Óleo sobre tela. Colección Crombie, Londres. Según del Carril, 1978.



Figura 6. "Juanita Breña capeando un toro en Acho (1821)". Acuarela por Pancho Fierro. Colección Ricardo Palma. Pinacoteca Municipal Merino, Lima.



Figura 7. Amancaes (frag.), óleo por Juan Mauricio Rugendas. Colección Fernando Berckemeyer, Lima.

 


Figura 8. "Yndio de valles a cavallo", Truxillo del Perú, c. 1790.



 Audio de la nota: 

Juego nacional "El Pato", de Roberto Ayrala y H.E. Guillen,   por Roberto Ayrala.



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Eleodoro Marenco "Jugando al pato" Figura 1. "El juego del Pato", óleo sobre tela por Ángel Della Valle. Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires. Figura 2. "Jugadores de Pato". Témpera de Florencio Molina Campos, c.1940  Figura 3. "Juego de El Pato". Dibujo por Enrique Rapela Figura 4. Día de San Juan. Dibujo de J. Torres Méndez, c. 1860 Figura 5. Camiluchos. Anónimo, siglo XVIII. Óleo sobre tela. Colección Crombie, Londres. Según del Carril, 1978.  Figura 6. "Juanita Breña capeando un toro en Acho (1821)". Acuarela por Pancho Fierro. Colección Ricardo Palma. Pinacoteca Municipal Merino, Lima.  Figura 7. Amancaes (frag.), óleo por Juan Mauricio Rugendas. Colección Fernando Berckemeyer, Lima.  Figura 8. "Yndio de valles a cavallo", Truxillo del Perú, c. 1790. 

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VIAJE EN TREN A LA INFANCIA DE ATAHUALPA YUPANQUI

UN MALEVO ANIMADO

¡IRLANDESES!

DOS VEINTICINCO DE MAYO Y UNA SOLA "MADRE" PATRIA

CARMEN GUZMÁN: El canto que se hizo viento

LAS SACHA GUITARRAS DE DON HERRERA

LOS POETAS GHIONI Y SASTURAIN DICEN SOBRE CALOI

DIME QUÉ COMES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

IGUALITO Y PAREJITO (rincón discepoleano)

EL PATO DEPORTE NACIONAL

ARGENTINA, ESPAÑA, YPF Y LOS REYES CAZADORES

ALBERTO MERLO Galopando sin apuro

SIMÓN RODRIGUEZ, maestro de Bolivar y de América

Ocho de marzo DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER

DOCIENTOS AÑOS DE IDENTIDAD 27 de febrero de 1812/2012

VISITAR AL "NUEVO" MUSEO FERNANDEZ BLANCO

PRESENCIA ARGENTINA EN LA ANTÁRTIDA

PRONÓSTICO DE UN CARDÓN CIUDADANO

BUENAVENTURA LUNA Documento sonoro inédito gentileza de Carlos Semorile

NÉSTOR KIRCHNER

LA HOJA SUELTA

¡VINO DE SANTA CRUZ, PAISANO!

JAPÓN, EJEMPLO DE IDENTIDAD - Parte 2

JAPÓN, EJEMPLO DE IDENTIDAD

La música de La Pampa

¡AY DIFUNTITA CORREA!

Julio de Caro

IDENTIDAD Y FOLCLORE

PALABRAS DE RAÚL SCALABRINI ORTIZ SOBRE JUAN PERÓN

JAIME TORRES, el Señor Charango

Bicentenario argentino: GALESES EN CHUBUT: 145 años sumando culturas

LA GUITARRA ES COMO UN EXTRAÑO NIDO...

POLITO CASTILLO: Genio y figura.




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