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LA FLOR DEL CEIBO

por Susana C. Otero (adaptaciones)




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El  ceibo: crece en diversos países de América, en nuestro país se lo encuentra en  Salta, Jujuy, Tucumán, Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Santa Fe, Buenos Aires y en toda la región mesopotámica  Argentina (Entre Ríos, Corrientes y Misiones). Su flor ha sido adoptada como "flor nacional" de la República Argentina y de la República Oriental del Uruguay.

Puede alcanzar en algunas zonas, una altura que llega a los  veintiséis metros.

Se lo conoce como ceibo, chopo o zuinandi y cuando florece da unas hermosas flores rojas encarnadas.

El ceibo tiene grandes aplicaciones dentro de la farmacopea tradicional y popular.

Con su madera se construyen excelentes bombos o tambores de un espectacular sonido, esto lo logran ahuecando el tronco hasta dejarlo de un grosor apróximado a unos cinco milímetros en sus paredes.

  Dicen que dicen.......

  ....que esta versión de la flor del ceibo corresponde a la época en que el blanco venía a estas tierras con afanes de codicia e irrespetuoso de la vida y las costumbres de la América morena.

   Según cuentan los abuelos, Anahí era una muchacha no muy agraciada, pues sus rasgos eran demasiado marcados, su nariz prominente y su boca enormemente grande. Pero eso no era todo, ya que la joven tenía el carácter fuerte y belicoso y su espíritu era indomable.

    Sin embargo, algo endulzaba los rasgos de aquella indiecita, cuando entonaba una canción en su bello idioma guaraní, toda su fealdad desaparecía, pues de su garganta brotaban las más hermosas melodías.

   Vivía Anahí en una humilde choza a orillas del río Paraná y fue allí donde un capitán español que remontaba el río en su embarcación, escuchó su bellísima voz.

   El hombre, sin conocerla, quedó prendado de Anahí y atraído por las dulcísimas melodías fue en su busca y exigió los favores de la joven.

   La muchacha puso en ridículo al capitán y lo despreció con altivez. El español, herido en su orgullo llevose a la joven prisionera.

   Durante un largo tiempo, el despechado español, por las noches mandaba a buscar a la joven solicitándole cumplir sus deseos, pero ella cada noche lo rechazaba con más ímpetu.

   Con el transcurrir del tiempo y desengañado el capitán condenó a la muchacha a morir ardiendo en la hoguera.

   Fue así como una noche llevaron a Anahí hasta un árbol al cual la ataron, a sus pies echaron leños y luego encendieron una ardiente fogata.

   Vieron a la joven agitar su cuerpo mientras las llamas rojizas envolvían su figura y los leños crepitaban súbitamente, entonces ella comenzó a transfigurarse.

   Al alba, con los primeros rayos del sol, vieron que del árbol al cual  habían atado a la muchacha florecían hermosas flores rojas.

   A partir de ese momento el alma de Anahí, la indiecita de la dulce voz, anida en la flor del ceibo              

  Audio de la nota: Anahí - canción guaraní

  Letra y música: Osvaldo Sosa Cordero

  Intérprete: Ramona Galarza   



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