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EL VIENTO ZONDA

por Susana C. Otero (adaptaciones e ilustración)




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     Dicen que dicen...los ancianos sabios que hace tanto tiempo atrás que sería difícil decir cuando, vivía al pie de las montañas, en la que hoy conocemos como San Juan, en nuestra querida patria, Argentina, un muchacho fuerte y ágil, cuyo nombre era Gilanco.  

   El joven Gilanco amaba trepar las cuestas de las empinadas montañas.  

   Era tan diestro en esos menesteres que nadie lo podía superar.  

   Gilanco era tan raudo un sus movimientos que superaba a todos sus contricantes. Sabía saltar con tal destreza que muchos lo comparaban con un puma.  

   El muchacho amaba ir al monte y disparar sus flechas, sin fallar jamás. Claro que en esas incursiones ningún animal quedaba con vida, por ello muchos huían al verlo y allá iban alpacas, vicuñas, pumas y aves.  

   Al enterarse Yastay, el dios protector de los animales, se enfureció, nadie le daba a Gilanco permiso para matar por matar, sólo por diversión.  

   Cierta vez, Gilanco sobrepasó sus propios límites exterminando una familia entera de guanacos.  

   La furia de Yastay no se hizo esperar y fue en busca del cruel muchacho.  

   Debajo de un frondoso algarrobo, Gilanco dormía la siesta.  

   Yastay lo despertó, al ver al dios ante sí, el muchacho palideció y tembló de miedo.  

   El rostro de Yastay lo decía todo, estaba mucho más que enojado, el joven, que no había tenido piedad con sus hermanos inferiores, quiso gritar, pero  de su garganta no afloró ni una queja, parecía que la lengua de Gilanco estuviese anudada y por más terror que sintiese, estaba paralizado e inmutable, las gotas de sudor corrían por su cara y su frente, un frío helado le corría por el cuerpo, comenzó a temblar, los dientes le castañeteaban y le era imposible dominarse.  

   Ahora sufría, tal como sus víctimas lo habían hecho.  

   Por fin Yastay habló: - Escucha Gilanco, te has sobrepasado y vengo a advertirte, pero sólo te lo diré una vez, no apruebo tu falta de corazón, deja a mis animales en paz o el castigo será ejemplificador, utiliza tus dotes para beneficiar a tu gente y agregó: Yastay ha hablado.-  y tal como vino desapareció.  

   Por un tiempo Gilanco se cuidó de cometer desmanes, pero con el transcurso de los días volvió a las andadas y nuevamente disparó sus certeras flechas.  

   Yastay no se hizo esperar, su conocida voz retumbó en los valles y las montañas, era su voz de trueno, entonces el aire se enrareció y negros nubarrones cubrieron el límpido cielo, nubes de polvo con remolinos gigantes taparon la visión de Gilanco.  

   En el ulular del viento sólo se escuchaba:- ¡Gilanco!, ¡Gilanco ¡, y luego como si fuese una voz del más allá, tronó la voz de Yastay : -tuviste una oportunidad y tu crueldad es infinita -  

   Las nubes de polvo se hicieron cada vez más fuertes hasta convertirse en un furioso viento, que todo lo envolvía y arrastraba con ímpetu demoledor.  

   Gilanco suplicó, pero una fuerza poderosa lo arrastraba por los aires.  

   Gilanco rogó, pero la fuerza poderosísima lo envolvió, lo alzó en el aire y lo absorbió con indómita fiereza.  

   De pronto, tal como un suspiro que se diluye en el aire, así desapareció Gilanco, nunca más se lo volvió a ver.  

  Sólo a lo lejos, como nacido de las entrañas de la tierra, se oía su voz, como un silbido continuo y aterrador. Así nació el viento zonda, un viento cálido y seco, cuyo ulular hace recordar a todos aquellos que utilizan la crueldad con los animales, lo que Yastay es capaz de hacer con ellos.



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